vestidor de el otro cafe, de tomas

el éxtasis absoluto de abrazarse en un baile una vida,
devorarse una mañana en soledades de fríos de antes,
esplendida anarquía cae en la lluvia de imágenes colores,
plagiarse desde dentro los lugares ocultos,
los pliegues de tus ruedos más íntimos y deseados,
el perfume del alba de tus aromas de espiga,
el hielo derretido por tu halito de calma,
y a ese perplejo interior de sorpresas,
cuando muere el hastió en la memoria,
informes personajes de mis deseos tan múltiples como ellos,
del dolor de la espera,
de la angustia sin calma,
de la noche perpetua,
amanecer en tus faldas recostado sin duelos,
y bailar,
susurrar al oído,
desabrochar el presagio,
recorrerte de nuevo en tanto,
y bailar,
a las noches perpetuas de vida,
a los viejos espantos del alma,
al influjo de un tango.